Las características particulares del músculo (relacionadas con su metabolismo, su morfología, su activación motora y sus propiedades biomecánicas) lo hacen susceptible a sufrir lesiones que van desde la falla inducida por fatiga (hoy reconocida como lesión) hasta el desgarro muscular. El conocimiento de la fisiología de la célula muscular, sus procesos de reparación y los tiempos necesarios para establecer los cambios permite no solamente prevenir la lesión (a través de la valoración clínica del deportista y su carga de entrenamiento) sino planificar el proceso de recuperación y de prevención secundaria de lesiones similares. La alta capacidad de adaptación del músculo como órgano al trabajo de fuerza correctamente prescrito (desde una aplicación sensata de los principios del entrenamiento y evitando los disbalances en la fuerza muscular) no solo redunda en beneficios para la salud y el rendimiento deportivo sino que además es la mejor herramienta para la prevención de lesiones.

Por | 2017-10-17T12:04:08+00:00 marzo 30th, 2015|Artículos|